El Aire Navideño

Christmas Winds landscape

El Aire Navideño

Un día cósmico vemos cada día;
Con el rayo del tiempo la eternidad se mezcla
Sonidos de una nueva vida nuestros oídos colman;
La estrella de Cristo por siempre aparece.

Aires navideños soplando están
En torno al mundo entero;
Aires inmortales fluyen
Con un sonido silencioso, pacífico.

Esta escena de niño deleita
Siempre sus esperanzados ojos,
Pues los rayos de la fe jamás suspenden
Su contacto celeste.

Justo sobre la cabeza de los hombres
El viento impetuoso se levanta;
Silbando permanentemente de vez en cuando
Se aproxima rayos magnéticos.

De las eras los santuarios nacientes
Se elevan para hallar
La mano de ángeles celestiales
Portando sobre alas esperanza a la mente.

Cada día una mañana cósmica ha nacido,
Del infinito la cortina rasgada
Al aire que aguarda. Libera
Gotas de Vida por doquier regadas

Aires navideños soplan
Su fluida inmaculada corriente
Del encantador saber del aire,
Del propio preclaro sueño divino.

Cada corazón en cautiverio humano,
Libre de cuidar la carga,
Encuentra la total amistad navideña
El don de la plegaria.

El Espíritu Santo a todos,
Su poder y su océano prodiga
Abarca la estrella que irradia
Para responder el llamado del corazón.

Del Espíritu Santo este torrente,
Deleita al aire mismo;
Es el aliento de Dios elevado
Para por doquier liberar a los hombres.

Del aire de oriente, una corriente fluye,
El mensaje de Cristo disemina,
Tañendo las campanas parroquiales con su sonido
Y en torno corazones escuchan.

Desde antaño tanto amó Dios al mundo,
A su hijo envió para hacer florecer
El estandarte cósmico siempre desplegado
En el ilimitado recinto de la forma.

El niño, el hombre de cada lugar
Voltea el corazón hacia la gracia reveladora de Dios;
Más división no restablecerá
Pues todo lo brutal lo hizo el odio.

Oh aire avasallador del Amor Santo,
Desde lo alto tu glorioso manto;
Remueve la ira que a la humanidad bloquea
Y a cambio, cada corazón con fuego colma.

Así encendiendo de esperanza una estrella,
En la palabra de Amor que pronunció,
A cada corazón: “¡Paz, aquiétate!”
Para iniciar mentes santas.

El movimiento que la vista abrirá,
No se lamentará más la mente ciega.
Los hombres hoy forjarán un nuevo mundo
Para beneficio del hombre, Cristo y Dios.


De la Perla de Sabiduría©, Vol. 36 No.2 Amado Lanello – 10 de enero de 1993