El nacimiento del Cristo en el alma

Este extracto de la natividad en el interior de tu alma es de la Perla de Sabiduría de Jesucristo, publicada en las Perlas de Sabiduría de 1968, vol. 11 no. 51.

El nacimiento del Cristo en el alma

Cuanto mayor sea la humildad en el alma, mayor será la posibilidad de lo que un individuo logre en su interior en una vida determinada.

Cuando Juan el Bautista, llegó precediendo mi misión, dijo de mí: “Es necesario que ‘él crezca, pero que yo mengüe”. Este es el camino para que el hombre lo logre: disminuir el poder de la personalidad y del ego, disminuir estos aspectos dentro del reino individual e incrementar el poder del Cristo; de la luz, de la conciencia universal para que los delicados hilos de la realidad divina, de la realidad del alma, puedan ser engarzados con las aspiraciones del ser inferior. Los hombres y mujeres a menudo no tienen en cuenta el hecho que cuando se reconectan a los poderes regenerativos del universo hay un periodo de curación durante el cual, las frágiles madejas de conexión pueden ser una vez más fácilmente separadas.

Los días iniciales del despertar del alma a su realidad divina se deben apreciar cuidadosamente, y el contacto se debe reverenciar. A menos que así sea hecho, la naturaleza frágil del contacto, una vez interrumpido, puede hundir el alma en la oscuridad. Insto a todos, entonces, a mantener el sentido divino, el sentido espiritual de gratitud espiritual por cada oportunidad dada al alma para expandir el sentido de contacto con la jerarquía espiritual y el sentido de unidad de las muchas almas envueltas en el servicio de la Divinidad en el planeta. Considerando que no todos son la cabeza ni todos son los pies, y que los miembros de mi cuerpo son muchos, existe una sensación de unidad que se extiende por la totalidad, que fluye hacia el universo y reanima a cada parte con el bálsamo de la cabeza.

Permanezco y persisto a través de las eras como el defensor del amor del Padre. Hago realidad a los hombres lo que de otra manera no podrían ver, las cosas del Espíritu. Abro los ojos de los ciegos. Sano todas las enfermedades del hombre. Sigo siendo el defensor de lo simple y de lo sabio, y a cada uno le doy la gracia necesaria para su libertad. La Tierra necesita hombres fuertes, hombres que, al tener conciencia y vida, comprendan que esa conciencia y esa vida son puertas, membranas entre las octavas superiores y la Tierra, sobre las cuales pueden transmitirse los mensajes de aquellos educadores del Espíritu que enseñarán y moldearán el alma hasta que sea capaz de desarrollar tal sensación poderosa de victoria, que ninguna circunstancia humana pueda conspirar para tomar su corona.

Mientras que muchos se regocijan con mi natividad, el mayor regocijo es el de la natividad del Cristo dentro del alma del individuo. Cuando un individuo puede sentir las pasiones del renacimiento del Cristo viviente dentro del pesebre de su propio corazón, cuando puedan sentir allí el encendido de la llama divina y se den cuenta que la reintegración ha comenzado, habrá dado un gran paso hacia la totalidad.

Vengo este año, como cada año, a lo largo de toda la ronda de manifestaciones para atraer alegría a las almas de los hombres.

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