Meditaciones del Cristo en Navidad

La Diosa de la Luz nos ha dado una meditación para incrementar la luz dentro de nosotros.

Es adecuado que desarrolléis una meditación en la luz por medio de la cual veáis puntos de luz en todo el cuerpo. Visualizaos a vosotros mismos como un árbol de Navidad gigante con una vela en cada rama para que un millón de velas puedan encenderse en vuestro árbol de la vida para iluminar el camino de millones. Recordad que en cada punto de todas las células de vuestro cuerpo hay un núcleo en el átomo y hay un sol central en cada célula. Estos son los puntos de luz. Estos son, por así decirlo, manifestaciones del Gran Sol Central a niveles microscópicos.

Una salud rebosante dentro del cuerpo ayuda a que la luz circule. Así, uno puede gozar de una la mente vibrante que es alerta y ágil y el cuerpo del deseo que está verdaderamente alineado con la Ley de Dios en el gozo del SEÑOR[1].

Glade Jul por Viggo Johansen

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Oh chela de la voluntad de Dios, haced una pausa en vuestras oraciones vespertinas para que nos recibáis. A medida que os miráis en nuestros ojos, recordad que estamos conmemorando la mirada del Santo Niño al igual que nos recibió hace tanto tiempo.

Reconocemos al Gurú de vuestro corazón. Seremos los chelas por siempre del Gran Dios cuya Luz también viene a vosotros. Damos el ejemplo de devoción, determinación y divinidad esencial. Tendemos el altar de vuestro corazón. Preparamos a vuestra alma para Su llegada. Inclinaos con nosotros ante su presencia.

Oh Santo Ser, torrente pura y esencia de Dios para el amado, recibid ahora a los tuyos. Ayudadnos a expiar. Estableced tu Palabra. He aquí, ¡Él ha venido!

Y hacedlos uno así como nosotros somos el Tres en Uno: El Morya con Kuthumi y Djwal Kul por Brahma, Vishnu y Shiva en el pesebre secreto de vuestro corazón.[2]

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Uno de los problemas que separa a los hombres de sí mismos y de Dios es la tendencia a magnificar su discernimiento de lo que está pasando en el mundo de las personas, que no es la compasión de Dios. Que todos entendamos, pues,  que a pesar de que los individuos no puedan medirse hasta el estándar de uno, aunque no puedan parecerse a todo lo que uno podría desear para ellos, todavía es necesario mantener la luz de la compasión y el flujo del amor. A través del magnetismo divino del amor, el hombre y las organizaciones se han acercado a esa meta que es la fusión de toda la Luz en la antorcha de la libertad del hombre.

Con el adviento del período navideño, el hombre se sintoniza con el amor de Cristo más que en cualquier otra temporada del año. A través de esta sintonía y de su respeto de amor por la Vida, sienten una unión más cercana unos con otros. Tienen la tendencia de clasificar el año y la expresión de su devoción, separarse del Espíritu de la Navidad, el cual sienten como una cosa del pasado, que les permite dejar a un lado los gozos de la temporada santa una vez que el año nuevo ha comenzado. Así comienzan a recrear en su rutina diaria sus sonidos discordantes, sus placeres y sus penas, que se registran como desarmonías sobre la pantalla de la vida.

En vez de eso, resolvamos juntos para que el resplandor de la antorcha de nuestro fervor se exprese así misma todo el año y en todo el mundo. De modo que el círculo de nuestro amor santificado brille las alegrías eternas de Dios, que será para toda la gente a medida que toda la gente entra en la Luz y la determinación de desterrar la oscuridad por la magnificencia del amor verdadero.[3]


1. La Diosa de la Libertad, “¡Estad alertas! ¡Sed Vigilantes!” Perlas de Sabiduría®, vol. 32, no. 54,  10 de noviembre de 1989.

2. El Morya, Perlas de Sabiduría®, vol. 23 no. 1, 6 de enero de 1980

3. La Diosa de la Libertad, Perlas de Sabiduría®, vol. 15, no. 47, 19 de noviembre de 1972

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