El equilibrio del corazón y la mente

El equilibrio del corazón y la mente

Extracto de las Perlas de Sabiduría® Vol.14 no. 11 por Jesucristo (14 de marzo de 1971)

La Resurrección y la construcción del reino interior

Hasta que el hombre aprenda a aplicar las leyes superiores que gobiernan su ser, continuará produciendo su energía de acuerdo a los viejos patrones de hábitos y tradiciones humanas. Pero cuando por fin entienda la gran ola de realidad que se mueve hacia adelante, que es progresiva, que ordena demoler las cualidades y condiciones no deseadas, y que continuamente dirige y redirige todas las partes de su ser en patrones de perfección, entonces brillará externamente como el resplandor interior que se refleja en la imagen de Dios colocado dentro de sí mismo por el Todopoderoso.

¿Por qué son los lazos del alma al Padre tan relevantes para el corazón del hombre, y sin embargo, tan sin sentido para la cabeza? Primero, porque el corazón se relaciona con el amor, y el amor se relaciona al universo conocido del alma; segundo, porque la cabeza se relaciona con el análisis de los objetos y conceptos a través de los dedos de la mente. Al estar sola, sin el empleo del corazón, la cabeza generalmente toma esas decisiones frágiles que hacen añicos al impacto los tiernos e intuitivos sentimientos del alma.

Severo entonces, es el registro y el juicio a sí mismo de la propia vida del hombre cuando se moldea con un diseño mortal; pero, cuando a las facultades naturales del alma se les permite exhalar el resplandor de la Luz, el mundo entero del hombre puede ser una eterna resurrección de la hermosura. Entonces la fortaleza de su mente, atada al radiante amor de su corazón, se convierte en una armadura brillante para la protección de las energías de la conciencia Crística. Entonces, la pared media o la división entre el Santasanctórum de su corazón y el centro de su mente se rasga en dos; y el hombre, al tener acceso a ambos corredores, los de la mente y del corazón, moldea en todo su ser nuevas maravillas de percepción y precipitación.

Dondequiera que exista el muro de separación entre el corazón y la mente, dondequiera que predomine el uno sobre el otro, está destinado a ser un desequilibrio en la expresión del Cristo: bien sea la penumbra cadavérica de la mente carnal que va clasificando y devorando todo y a todos con su crítica, o las pasiones desenfrenadas del deseo infructuoso que sale de un corazón ignorante e impuro.

Pero cuando ocurre la unión del corazón y mente bajo la tutela del Padre eterno y su Hijo eterno, entonces el significado de la resurrección se revela en la identidad pulsante del Cristo, delineando maestría para todos y en todos. Entonces el alma se ve a sí misma como la llama dentro de su corazón, la llama equilibrada del Amor, Sabiduría y Poder: un hombre de la nueva era ha nacido. Saltando con gigantescas zancadas las páginas de historia, montando sobre un caballo blanco, el maestro de su destino y de su karma. Su imagen no se basa sobre la cruz de la tortura humana y libertinaje sino por la construcción maestra que aparece en el horizonte de la nueva era; porque el hombre ha construido primero el reino interior, utilizando la roca y la madera, la química y la geometría, las mismas leyes y elementos del firmamento en las alturas a fin de lograr el dominio sobre sí mismo y de la vida abundante.

Cuando esto suceda en el interior de un número suficiente de mujeres y hombres encarnados, entonces estaré seguro de que el reino del cielo se convertirá en una realidad en el mundo de la forma.

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